Revista Educare
UPEL-IPB
Barquisimeto, Edo. Lara - Venezuela
Vol. 25 N° 2
Mayo - Agosto 2021
En este ensayo se describe como las emociones impregnan el desempeño de los estudiantes de la educación básica secundaria vocacional en la realización de las Pruebas Saber Once. Aseveración sustentada en la contextualización de la problemática y los referentes teóricos que nos permiten sostener que: a) la educación y las emociones son un accionar humano, social e histórico imbricado de cosmovisiones y significaciones que el estudiante construye desde la cotidianidad de su convivir) las emociones como acciones comportamentales y lingüísticas están impregnadas de prácticas, códigos y reglas aprendidas entre individuos, grupos y culturas y c) existe una estrecha relación entre las emociones y el desempeño de los estudiantes de la Educación Básica Secundaria Vocacional en la Prueba Saber Once porque es un proceso intersubjetivo derivado de la puesta en práctica de valores, creencias, convicciones y patrones de crianza como ejes orientadores del comportamiento del estudiante en los ambientes académicos.
This essay describes how emotions permeate students' performance in vocational secondary basic education in the conduct of the Saber Once Tests. Assertion based on the contextualization of the problem and the theoretical referents that allow us to maintain that: a) education and emotions are a human, social and historical action intertwined with worldviews and meanings that the student builds from the daily life of their living together emotions are behavioral and linguistic actions impregnated with practices, codes and rules learned between individuals, groups, and cultures and c) there is a close relationship between the emotions and the performance of the students of the Vocational Secondary Basic Education in the Saber Once Test because it is an intersubjective process derived from the implementation of values, beliefs, convictions, and parenting patterns as guiding axes of the student's behavior in academic environments.
La situación social global ha sacudido todos los aspectos de la vida diaria de los seres humanos debido a la incertidumbre que conlleva un nuevo devenir en todas las esferas de actuación del hombre. La educación, pilar fundamental de la sociedad no escapa a esta realidad y, tiene ante sí un reto considerable debido a que la pandemia del COVID-19 ha generado la mayor interrupción educativa en la historia. En los últimos meses, se viene implementado como política educativa que los estudiantes de todo el mundo, continúen su proceso de formación desde la modalidad la modalidad b-learning como una estrategia didáctica que ayude al cuidado y resguardo personal y colectivo orientado a contener la propagación del virus. Levy (2020) argumenta
"La pandemia de coronavirus tiene y seguirá teniendo efectos catastróficos no solo en términos de salud física y mortalidad, sino también en las áreas de salud mental y economía, con consecuencias sociales, políticas y culturales que son difíciles de calcular” (pág. 12).
Ante esta realidad, uno de los elementos que ha cobrado fuerza dentro de las escuelas en los últimos meses, es el hecho que ahora los estudiantes interactúan con el docente desde otros espacios de aprendizaje, y esto ha traído como consecuencia que el éxito o fracaso de su proceso de aprendizaje dependa en gran parte de saber gestionarse emocionalmente ante esta nueva situación. Esta dinámica social impregna a los estudiantes de la educación básica secundaria y por ello consideramos necesario que las instituciones responsables de su formación continúen consolidando a través de los procesos de aprendizaje sus competencias emocionales con el fin de lograr un ciudadano responsable de sí mismo y, por ende, de las acciones que realiza dentro de la sociedad, Le Breton (2013) afirma:
"El hombre está conectado con el mundo por una red continua de emociones. Los sentimientos y las emociones no son sustancias transferibles ni de un individuo ni de un grupo a otro, no lo son, o no son sólo procesos fisiológicos en los que el cuerpo mantendría el secreto" (p. 69).
Si asumimos que los estudiantes de la educación básica secundaria, son seres emocionales que se manifiestan desde sus costumbres, prácticas, códigos y reglas las cuales configuran los componentes cognitivo, afectivo y conductual, entonces, existe un nudo critico entre las emociones y el desempeño estudiantil, porque su proceder habitual, forma parte de un entramado emocional desde el cual el estudiante acciona cotidianamente. Por esta razón, la formación del estudiante debe fomentar una educación integral que considere los valores éticos, las creencias, los hábitos, costumbres y virtudes en las distintas expresiones socio afectivas derivadas en símbolos, actitudes y comportamientos que manifiestan los actores sociales que conviven en el contexto socioeducativo.
Por consiguiente, uno de los retos a los cuales se enfrenta el sistema educativo colombiano para la región del caribe, estriba en forjar no solo oportunidades de aprendizaje para todos, sino que también estos aprendizajes sean pertinentes y de calidad de acuerdo a las nuevas necesidades sociales alineados con los indicadores establecidos para la educación secundaria de la región. En este sentido a partir del año 2014, se viene implementando la Prueba Saber Once como una estrategia de evaluación estudiantil, que busca validar el grado de desarrollo de las competencias adquiridas por los estudiantes que están finalizando la educación media según los objetivos formulados por el Ministerio de Educación Nacional y con los cuales aspiran ingresar a la educación universitaria.
Fajardo, et al. (2017) plantean que existen variados elementos que pueden incidir en los resultados obtenidos por los estudiantes “tales como la familia, el medio social y los centros educativos, haciendo evidente el carácter integral del rendimiento académico y su importancia a nivel escolar y social" (p. 5). Desde todas estas apreciaciones sostenemos que existe una relación estrecha entre el contexto cultural, el desempeño estudiantil en las Pruebas Saber Once y su andamiaje emocional. Andamiaje emocional construido mediante los procesos intersubjetivos derivados de la puesta en práctica de valores, creencias, convicciones y patrones de crianza como ejes orientadores del comportamiento en los ambientes académicos.
Y ante este panorama general surge la pregunta ¿De qué manera el estado emocional de los estudiantes es significante de los resultados obtenidos en las pruebas de Saber Once? Consideración que nos permite aseverar que hoy más que nunca la educación tiene la responsabilidad social de buscar otras alternativas para la formación del estudiante en un momento donde la dinámica social global requiere apostar por una formación apuntalada a lograr una convivencia planetaria ecológica de todos los ciudadanos planetarios.
Asímismo, dentro de los objetivos educativos dentro de los planes estratégicos de desarrollo regionales de la nación colombiana, se reconoce que será con y desde la educación donde se ira consolidando la transformación del ser humano, y por consiguiente la misma debe trascender lo meramente individual para que, desde la “familia” como su núcleo natural, el educando tenga la oportunidad de estructurarse como un Ser con principios y valores éticos sociales que contribuyan con su vitalidad productiva en pro de la construcción de un mundo mejor. Páez-Martínez (2017) afirma que la familia simbólicamente es concebida “como un todo, como lo más importante, como un núcleo, …. como símbolos de estabilidad básica y de fuerza. La familia se convierte en el impulso para sobrevivir y ‘progresar" (p. 90).
De allí entonces que el desarrollo emocional, psicológico, de personalidad y, desde luego, cognoscitivo del estudiante proviene de los hábitos, valores y percepciones adquiridas de la familia durante su desarrollo personal y social. Por ello los maestros necesitamos no sólo la información que puedan aportar los padres relativa a sus hijos para conocerlos, sino que además va a ser muy importante su colaboración dentro del proceso de formación de sus hijos por su apoyo repercutirá notablemente sobre su personalidad, en sus comportamientos en la escuela y en la sociedad. Páez-Martínez (2017) dice en Colombia la familia
"es una agrupación cambiante, diversa, permeable a los contextos, perdurable en medio de los cambios ...El rol de cada miembro es variado, influido por el lugar de origen, por la educación formal e informal recibida y por la historia familiar…es entendida como una totalidad, como un sistema relacional, permeable, en constante proceso de adaptabilidad y reajuste interno, muy similar a como se le reconoce en otros países de la región." (p. 270-271).
Desde una perspectiva, esa manera de ser la familia colombiana de la zona costeña del país caracteriza el comportamiento de los estudiantes durante su desempeño estudiantil. Al estar en permanente proceso de formación, el estudiante de la educación básica secundaria vocacional como ser humano suele movilizarse de un punto a otro en procura de crecimiento y desarrollo, pero también de resistencia ante las adversidades. Del mismo modo, como “sujeto colectivo” la familia es dinámica, espacio-vital y protectora, aunque no siempre resulte ser ese el nicho formativo y seguro que sus miembros necesitan, por el “olvido” de sus funciones constantes.
En otras palabras, lo que acontece y valora la familia se refleja en la persona y lo que sucede en la persona nos revela la familia que tiene, no cabe duda de que la familia arropa a sus miembros con sus variadas relaciones. Desde todas estas apreciaciones seguidamente presentamos algunos referentes teóricos que sostienen la temática investigada y se cierra con unas aproximaciones reflexivas que pueden ser tomadas en cuenta no solo por investigadores que realizan estudios similares en esta problemática, sino también por investigadores de otros campos del conocimiento.
El mundo opera desde un constante cambio político, económico, cultural, social y educativo. Este devenir planetario ha llevado a la educación colombiana a implementar alternativas de formación basadas en la participación y la acción social, como una estrategia curricular y pedagógica que posibilite el fortalecimiento de relaciones interpersonales estables en todos sus ciudadanos. Estrategia enfocada a lograr para el 2026 con una educación que contribuya a consolidar una nación con diversidad cultural y social. Es fortalecer una nueva forma de saber, de interactuar y de hacer, en donde la educación es un derecho y una responsabilidad del Estado y de sus instituciones sociales.
Una educación orientada a formar ciudadanos preparados para vivir críticamente los cambios y desafíos procedentes del desarrollo tecnológico, la expansión de las redes globales y la internacionalización de la economía, la ciencia y la cultura desde su diversidad humana y multidimensionalidad emocional. Es hacer frente al reconocimiento de que todo está interconectado, en comunión, y que cada forma de vida es portadora de valores y significados simbólicos. Este presupuesto requiere un humanismo civilizatorio a ser cultivado de modo intergeneracional desde la educación, en el que el respeto a la vida y a la tierra se acompasen siempre con los intereses personales anclados en el respeto a la diversidad y de la promoción de los derechos humanos universales. Es aprender a “pensar la responsabilidad y solidaridad individual-social-antropológica” de acuerdo a Morín (2007) donde los estudiantes de secundaria alcancen la autorregulación y autorrealización derivada del fortalecimiento de sus habilidades socioemocionales que lo lleven hacia una sana convivencia en una comunidad contextual y planetaria.
Segura, Cacheiro y Domínguez (2020) opinan que “...dentro de las estrategias docentes para la escuela del siglo XXI, es necesario incluir el desarrollo de las habilidades emocionales de los discentes…que faciliten la comunicación y el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje del alumnado" (p. 157)
El contexto actual ha dejado en evidencia que la educación está convulsionada en todos sus niveles operativos. En tiempo récord, se ha tenido que ajustar a una situación extrema y difícil de gestionar, primero, porque sus actores sociales viven diferentes situaciones personales y, segundo, porque el sistema educativo no cuenta con suficientes herramientas que permitan afrontar emocionalmente esta nueva realidad. Si hay un elemento que ha cobrado fuerza dentro de las escuelas en los últimos meses, es el relacionado con la incertidumbre que lleva el cambiar hábitos y patrones de funcionamiento de todos sus integrantes, y esto ha traído como consecuencia que el éxito o fracaso de sus acciones en cualquier espacio donde se desenvuelva dependerá en gran parte también de saber gestionar las emociones. Echeverria (2005) postula
"Cada vez que experimentamos una interrupción en el fluir de la vida se producen emociones. A éstas, por lo tanto, las asociamos con los quiebres, esto es, con interrupciones en nuestra transparencia. Al actuar, siempre lo hacemos dentro de un determinado espacio de posibilidades. Cuando un suceso nos conduce a modificar significativamente las fronteras de ese espacio de posibilidades, cuando nos vemos conducidos a variar nuestro juicio de lo que podemos esperar en el futuro, hablamos de un quiebre"(p.270).
De allí entonces que las emociones se manifiestan de diferentes formas en cada ser humano, por consiguiente, es relevante decir que de acuerdo a las necesidades y expectativas de las personas será la emoción. Ellas existen en todo momento, pero fluctúan de acuerdo a la vivencia y madurez de cada persona. Cada período de desarrollo del ser humano crea emociones diferentes y el cerebro está al corriente para distribuirlas. En la vida, las experiencias y maneras de ser del humano van marcando y aflorando desde un campo emocional que generalmente hace parte de una expectativa, de una inquietud, de una necesidad y en el caso de los educandos de la secundaría se van haciendo cuerpo en la medida que enfrenta diferentes situaciones y circunstancias. Existe toda una variedad de emociones, no obstante, en este caso relacionado con el desempeño del estudiante en las Pruebas Saber Once sólo afloran las emociones de auto transcendencia del estudiante, tal como se evidencia en el siguiente testimonio del informante clave B:
….uno desde que entra al grado once debe tener plena conciencia de que va presentar una prueba y de que esta prueba a pesar de que no es del todo definitoria de nuestro futuro, si puede tener un impacto positivo o negativo según los resultados que en esta obtenga...
Esta aseveración lleva implícita la motivación humana como un elemento de relación entre las visiones o aspiraciones que proyecta el estudiante con el fin de alcanzar metas. Por ello cuando el estudiante alcanza la meta lo muestra de diferentes formas, ya sea cantando, saltando, corriendo o incluso levantando el documento que le evidencia su éxito. En el mismo orden, si la meta no se logra, la tristeza o la rabia, es el sentimiento que aflora desde el lenguaje corporal o discursivo del estudiante.
Segura et al. (2020) dicen al respecto "En efecto, las emociones son uno de los factores más importantes de la conducta del ser humano y muchas de nuestras acciones están determinadas más por nuestras emociones que por la razón" (p. 158). Coincidiendo con esta afirmación sostenemos que la educación y las emociones son un accionar humano en el “desempeño estudiantil en las Pruebas Saber Once”, constituyen un entramado cultural imbricado por cosmovisiones y significaciones que el estudiante de educación media construye desde la cotidianidad de su convivir.
Precisar el significado de desempeño académico es de gran complejidad debido a la multidimensionalidad de visiones y planteamientos que origina una dificultad a la hora de consensuar una única definición desde la cual partir en investigaciones en el mundo de la educación. El desempeño estudiantil se ha analizado a lo largo del tiempo desde la dimensión evaluativa, en base a dos aspectos básicos :a) el relacionado con los aspectos gerenciales de la escuela dentro del sistema educativo y en el caso que nos incumbe con la valoración de la calidad de la educación impartida en las instituciones educativas en la región, según las pautas formuladas por el Ministerio de Educación Nacional y b) en base al perfil de formación que el estudiante debe lograr de acuerdo al nivel educativo donde se encuentra. Estos dos aspectos hacen que el rendimiento de los estudiantes este profundamente determinado por elementos institucionales, pedagógicos, psicosociales y sociodemográficos donde el estudiante se educa.
En esta línea argumental, el Ministerio de Educación desde el año 2010 insta a las instituciones educativas a lograr una educación de calidad formando ciudadanos con valores éticos, respetuosos de lo público, que ejerzan los derechos humanos, cumplan sus deberes sociales y convivan en paz. Este reto implica ofrecer una formación que forje oportunidades legítimas de progreso y prosperidad, que sea competitiva y contribuya a cerrar las brechas de inequidad social. Un aprendizaje, que permita y comprometa la participación de toda la sociedad en un contexto diverso, multiétnico y pluricultural. Por ello, se aspira formar y consolidar competencias ciudadanas con conocimientos y habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas que, articuladas entre sí, logren que el ciudadano actúe de manera constructiva dentro de una sociedad democrática.
En el marco de este contexto, en las instituciones oficiales de Educación Media del Municipio Valledupar, se vienen implementado proyectos, estrategias y recursos orientados a alcanzar los estándares de calidad establecidos por el Ministerio de Educación para la región, entre los cuales se encuentran los resultados obtenidos por los estudiantes de la educación media secundaria en las Pruebas Saber Once. Sin embargo, estas acciones educativas instituidas en el municipio son muy precarias para lograr esta intención, por lo que los resultados estudiantiles no logran alcanzar los estándares establecidos. Ramírez (2020) quien sostiene “el rendimiento académico desborda el ámbito escolar... se ubica en la sociedad, en el futuro del estudiante, este tipo de rendimiento académico no se queda en la nota o calificación que obtiene el estudiante, es más la vida misma". (p.192)
Si asumimos que los estudiantes de la educación básica secundaria, son seres emocionales que se manifiestan desde su componente cognitivo y afectivo, entonces, existe un nudo critico entre las emociones y el desempeño estudiantil porque su proceder habitual, es un entramado emocional a partir el cual acciona cotidianamente. Bernal y Rodríguez (2018) sostienen que “La complejidad del fenómeno ha demostrado que el rendimiento académico, no es un producto que sólo se centra en el estudiante o el docente o en su interacción, sino que es el resultado de múltiples variables de tipo personal y social" (p. 25)
Presunción que hace decir que el estudiante de la educación básica siempre buscará encontrar respuestas a las preguntas que todos los humanos se hacen: ¿Qué es la realidad? ¿Qué cosas existen y por qué? ¿Qué soy como ser humano? Es encontrarle sentido a todo aquello que le rodea y, por ende, encontrar un sentido individual y colectivo al mundo en el cual vive.
Desde esta posición sostenemos que existe una relación estrecha entre el desempeño estudiantil en las Pruebas Saber Once y su andamiaje emocional. Como hombre social tiene una conciencia históricamente significada desde sus emociones y esto es el resultado de la historia donde está inserto en un tiempo determinado lo que hace que accione y significa desde allí. Es reconocer que las emociones son acciones comportamentales que los seres humanos mostramos en los diferentes momentos de nuestras vidas y que las mismas denotan aprendizajes innatos y aprendidos entre individuos, grupos y culturas, entonces podemos decir que, los estudiantes de la educación básica secundaria como seres emocionales, enuncian la cotidianidad de su vida a través de su desempeño estudiantil.
Desde los filósofos griegos, las emociones han estado en el centro de las preocupaciones reflexivas que se ocupan de los problemas relacionados con el comportamiento y la acción humana. En este devenir evolutivo, estudios dentro de la antropología, psicología, lingüística y sociología han demostrado que el lenguaje es el reflejo de nuestro mundo interior y a través de él revelamos nuestras motivaciones, necesidades e intereses. Maturana (2001) enunció " Puesto que vivimos en leguaje, nos tornamos conscientes de que existimos en el flujo de procesos irreversibles como una experiencia central de nuestra vida" (p.43)
Se puede inferir entonces, que el lenguaje como una acción del ser humano se muestra desde los valores, actitudes y comportamientos compaginados con el cuerpo, la mente y la emoción. Bajo esta visión, el discente de la educación básica secundaria, entiende el rendimiento estudiantil desde su mundo como observador que encamina su hacer o comportamiento en el ambiente de aprendizaje. Con su lenguaje corporal y lingüístico, modela su forma de asumir la vida. Con él, exterioriza sus sueños, inquietudes, angustias, miedos, ilusiones, quereres. Al postular que el lenguaje es generativo, se sostiene que, el lenguaje es acción. Acción que hace que se abran o cierren posibilidades para vivir y actuar en el mundo. Las emociones, por lo tanto, son una distinción que hacemos en el lenguaje para referirnos al cambio de nuestro espacio de posibilidades a raíz de determinados acontecimientos (sucesos, eventos, acciones).
Con respecto a la acción, Schütz (1979) sostiene que el escenario básico de la acción social es "el mundo de la vida". Es en él, donde las personas emprenden acciones basadas en proyectos y caracterizadas por intenciones determinadas. Este mundo no es el mundo privado, aislado, sino un mundo intersubjetivo, común a todos nosotros, en el cual todos tenemos intereses eminentemente prácticos. El mundo de la vida es intersubjetivo, porque en él viven sujetos entre sujetos, vinculados entre sí, con valores comunes y procesos de interpretación conjunta. También es un mundo cultural, en el sentido que se constituye como un universo de significación para los sujetos. Es decir, es una textura de sentido que los sujetos interpretan para orientarse y conducirse en él. Esta textura de sentido se origina con las acciones humanas y ha sido instituida por ellas por medio del lenguaje. Como seres lingüísticos, las emociones pueden reconstruirse y cambiar por las interacciones lingüísticas.
El lenguaje es la manifestación verbal y corporal de las emociones. Debido a nuestro estado emocional, entablaremos ciertas conversaciones y no estaremos disponibles para otras. De allí que, las percepciones, valores, actitudes, creencias y prácticas de los estudiantes durante su desempeño en las Pruebas Saber Once, emergen desde el campo emocional que los connotas como seres humanos lingüísticos. Por consiguiente, cada campo emocional de la persona es el elemento que define sus límites para el cambio y la superación personal. Aun cuando el campo emocional no determina las posibilidades de cambio de la persona, porque éstas son infinitas, puede ofrecer la posibilidad para el cambio.
Estos campos emocionales están influidos por los estados de ánimos, elementos constitutivos de la existencia humana. Pero ¿cuál es la diferencia entre las emociones y los estados de ánimo? Las emociones son específicas y reactivas. Los acontecimientos las preceden, en otras palabras, ellas se manifiestan cuando determinados eventos o acciones que modifican el horizonte de posibilidades. En cambio, los estados de ánimos son esos estados emocionales desde los cuales se realizan las acciones. Ellos viven en el trasfondo desde el cual actuamos (Piña de Valderrama, 2010).
Como toda emocionalidad y, por lo tanto, al igual que con las emociones, los estados de ánimo también están asociados a valores y principios que nos distinguen como seres morales. El dominio moral es constitutivo de la existencia humana, por lo tanto "es ontológico "dice Echeverría (2005). Pero la moralidad no es sino un subdominio de un elemento de connotación superior: la ética. La ética guarda relación con la forma como respondemos al desafío que todo ser humano enfrenta con respecto al sentido de la vida. Con ella, se definen los límites de lo permitido, lo prohibido, lo obligatorio y lo posible. Sin embargo, los individuos que provienen de los mismos discursos históricos y que comparten las mismas prácticas sociales pueden tener límites morales diferentes. Esta distinción de los seres humanos como seres lingüísticos permite enfrentar la vida desde la perspectiva semántica del sentido, para establecer valores y dentro de ellos, delimitar el bien y el mal, lo bueno o lo malo, lo posible o lo imposible. Y todo ello, lo hacemos gracias al poder de hacer juicios que nos confiere el lenguaje.
Bajo estos argumentos, el “Desempeño Estudiantil en las Pruebas Saber Once” como fenómeno lingüístico, es una de las tareas fundamentales y urgentes a repensar en este momento, debemos incluir dentro de los procesos de aprendizaje la ética ecológica del planeta, de la justicia, de la solidaridad, de la paz, así como la ética de la comprensión, del cuidado y de la compasión. El aprendizaje de la comprensión humana es la base para construir una cultura y ciudadanía anclada en el respeto a la diversidad y a la promoción de los derechos y deberes universales como seres planetarios.
Es necesario comprender que nuestra lucidez emocional depende de la complejidad de como organizamos nuestras ideas y sueños como una matriz generativa de sentido desde la cual operan “los sujetos objetivadores”, para usar la expresión de Navarro (1991) con el propósito de comprender la complejidad de lo real del ser humano. El lenguaje, como fenómeno social nos distingue como seres vivos y, por lo tanto, como un fenómeno biológico se origina en nuestra historia evolutiva, desde un operar recurrente, desde coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales que consolidan el desarrollo de competencias emocionales a lo largo de toda la vida. Cuando hablamos de educación como proyecto de vida no nos referimos a la escolarización, sino a la educación proveniente de la familia, de la sociedad, de los medios de comunicación y desde donde los estudiantes de la educación básica secundaria construyen percepciones, valores y creencias acerca de su desempeño estudiantil en la prueba Saber Once. Es buscar una educación desde las emociones que consiga consolidar una formación etico social para que los estudiantes sean ciudadanos más equilibrados y efectivos emocionalmente (Razeto, 2016).
En este sentido, sus palabras adquieren distintos significados y por lo consiguiente, desarrollan diferentes significados. Estas significaciones son la que lleva a las personas a conservar su contexto de acción de la misma manera durante tiempos indefinidos, ocasionando estados de ánimos diversos y poco fáciles de identificar. Al considerar que el estado de ánimo es consustancial con el estado emocional de los estudiantes, entonces esta relación es significante de los resultados obtenidos en las pruebas de Saber Once. En este sentido, interpretar el rendimiento estudiantil desde las emociones y el lenguaje implica un cambio en la manera de concebir los procesos de enseñanza-aprendizaje y en las formas de asumir los procesos evaluativos.
Aprender desde las emociones y el lenguaje es ser capaz de identificar nuestra identidad terrenal que exige el respeto a la tierra y a la vida en toda su diversidad y multidimensionalidad lingüística. Es reconocer que todo está interconectado, en comunión, y que cada forma de vida es portadora de valores y significados simbólicos. Este presupuesto requiere un humanismo civilizatorio a ser cultivado de modo intergeneracional, en el que el respeto a la vida y a la tierra se acompasen siempre con los intereses humanos (Buenrostro-Guerrero, 2012).
El aprendizaje del ser humano es una de las tareas fundamentales y urgentes de nuestro tiempo, incluyendo la ética ecológica del planeta, de la justicia, de la solidaridad, de la paz, así como la ética de la comprensión, del cuidado y de la compasión. El aprendizaje de lo humano es la base para construir una cultura de ciudadanía anclada en el respeto a la diversidad y la promoción de los derechos humanos universales. Es aprender a “pensar la responsabilidad y solidaridad individual-social-antropológica”, de acuerdo a Morín (2007) desde proyectos de gestión pedagógica según los principios complejos de la ecología de la acción, respeto a la vida y a la tierra, que se acompasen siempre con los intereses y emociones humanas. Por consiguiente, cerramos estas reflexiones de la mano de Maturana (2001) cuando dice
"No desvaloricemos a nuestros niños en función de lo que no saben, valoricemos su saber. Guiemos a nuestros niños hacia un hacer que tiene que ver con el mundo cotidiano e invitémoslo a mirar lo que hacen, y sobre todo no los llevemos a competir" (p.48).
Así, que aspiramos que estas consideraciones finales contribuyan al debate acerca de cómo desde la educación se puede no solo superar el COVID-19 sino que esta realidad mundial, está brindando la oportunidad para realizar transformaciones profundas que logren potenciar al ser humano y así consolidar sociedades más equitativas, conscientes y solidarias, tal como se demanda actualmente.
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