Revista Educare
UPEL-IPB
Barquisimeto, Edo. Lara - Venezuela

Vol. 24 N° 3
Septiembre - Diciembre 2020

Aproximaciones teóricas sobre la educación en valores

Theoretical approaches on values education

https://doi.org/10.46498/reduipb.v24i3.1373
Soraya Rojas Timaure
Instituto Profesional y Centro de Formación Técnica DUOC UC, Chile
Recibido: 02-08-2020
Aceptado: 08-10-2020

RESUMEN

La educación en valores, en medio del cambio vertiginoso de la sociedad y en ella de las generaciones que llegan a las aulas de las escuelas y colegios, viene a ser presentada como uno de los desafíos más importantes de la sociedad actual; más allá de un listado de acciones positivas y negativas, los valores representan la fuerza de la educación integral a la que se refieren la mayoría de las bases curriculares de las instituciones educativas de Venezuela y de toda América Latina. Este ensayo se plantea como objetivo reflexionar sobre la naturaleza de los valores, especificar los aspectos teóricos que la enfocan y presentar algunas reflexiones que orienten las respuestas a la educación en valores en la sociedad actual. Todo esto bajo el enfoque metodológico hermenéutico y el sustento teórico de autores como Fabelo (2004), Seijo (2009), Morín (2004) entre otros. Las reflexiones finales se orientan a la naturaleza integrada de los valores, a la escuela como espacio reforzador de los mismos, considerando que la educación en valores es un acto de naturaleza compleja, una experiencia vital donde el centro es la persona en cada estudiante, que pasa por la orientación social, la familia y los alcances tecnológicos de las nuevas generaciones.

Descriptores:
educación; valores; humanismo; complejidad

ABSTRACT

Education in values, in the midst of the vertiginous change in society and in it of the generations that arrive in the classrooms of schools and colleges, comes to be presented as one of the most important challenges of today's society; Beyond a list of positive and negative actions, the values represent the force of integral education to which most of the curricular bases of educational institutions in Venezuela and throughout Latin America refer. The objective of this essay is to reflect on the nature of values, specify the theoretical aspects that focus on it, and present some reflections that guide responses to values education in today's society. All this under the hermeneutical methodological approach and the theoretical support of authors such as Fabelo (2004), Seijo (2009), Morín (2004) among others. The final reflections are oriented to the integrated nature of values, to the school as a reinforcing space for them, considering that education in values is an act of complex nature, a vital experience where the center is the person in each student, who it goes through the social orientation, the family and the technological reach of the new generations.

Keywords:
education; values; humanism; complexity

INTRODUCCIÓN

La educación en valores es uno de los desafíos que nos ocupa constantemente en el ámbito educativo, de allí que en la mayoría de los foros y congresos donde se analiza la educación, sea un tema medular. Según Castañeda (2016) “la educación en valores como espacio académico tiene una doble dinámica: por un lado, es un escenario de análisis y, por otro lado, es un medio de reflexión” (p.6), es decir, estamos llamados a mirar la realidad y generar oportunidades que mejoren la práctica del contexto.

La voraz velocidad con la que se generan los cambios en el mundo actual, convoca a los educadores y demás entes sociales a generar espacios de diálogo, de estudio y de estrategia que den respuestas y que acompañen a las comunidades en su estructura de valores, pero no solo desde la teoría, sino desde las bases, junto a quienes educan en las aulas diariamente a los presentes y futuros ciudadanos. Así mismo, la presencia de antivalores como la intolerancia, el irrespeto, la falta de solidaridad y la injusticia, son entre otros, algunos de los aspectos que demandan nuevas respuestas en el entorno comunitario y social.

Tal como lo expresa Serra, Serna y Martínez (2020) los cambios sociales, suelen actuar como vectores de cambio, dentro de los cuales resulta imprescindible considerar la globalización, la tecnologización, el consumo y la sociedad de la información frente a la sociedad del conocimiento, refiriéndose fundamentalmente a lo que enfrentan los adolescentes. Además de los cambios históricos que enfrentamos socialmente, como el individualismo, los cambios psicosociales, normativos y las relaciones familiares.

Ante esta realidad, ¿qué hacemos desde la educación? La educación, está llamada a cambiar a partir de sus bases, desde el docente y desde el sistema, consiente que “la visión y los objetivos resultantes también deben ir acompañados de una visión clara, atractiva y definiciones basadas en evidencias de pedagogía, colaboración y liderazgo eficaces” Fullan (2015, p.8). En este sentido, la educación en valores viene a ser un medio para encauzar ese cambio y adaptación, ya que se concibe como eje transversal en buena parte de los documentos curriculares.

La solidaridad entre los pueblos, poner fin a la pobreza, el compromiso con los Derechos Humanos, garantizar una educación de calidad, la orientación a la protección del medio ambiente son algunos de los desafíos que se presentan en la actualidad, muchos de ellos consagrados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015 – 2030) propuesto por la Organización de Naciones Unidas y que pasan por la vivencia de los valores en la persona.

Esta realidad, no es referencia de cambios en la génesis de la educación, pero sí constituye una mejora en las estrategias de enseñanza, ya que estas responden a las nuevas generaciones. En el caso particular de la enseñanza de los valores, se deja ver como un desafío el personalizar esta experiencia vital, que ofrezca a la persona soporte en su proyecto de vida personal y profesional, en potenciar las habilidades y competencias que exige el mercado laboral y también favorezca los valores en la persona, que en adelante orientará el aporte ante la sociedad moderna.

Por su parte, este ensayo responde a la reflexión y al análisis en torno a las teorías en educación en valores que vienen a respaldar el estado de arte del tema en sí mismo, que permitirá además ser punto de partida para el análisis, estudio de diferentes procesos investigativos, y respaldará también iniciativas de intervención social de diferentes actores.

Es un ensayo índole teórica, enfoca sus objetivos en fundamentar la naturaleza de los valores, especificar los aspectos teóricos de la educación en valores y determinar algunas reflexiones contextuales que orienten la enseñanza en la educación en valores ante la sociedad actual. Una mirada desde la óptica postpositivista, centrado en el método hermenéutico, que se desarrollará por medio de la reflexión en torno a comentarios sobre la naturaleza de los valores, además las visiones de diferentes teóricos de los valores que se despliegan, en diferentes aspectos que cimienta la educación de valores desde la visión de la autora y por último algunas reflexiones finales que potencien las iniciativas en cuanto el tema.

El análisis, se concentra en dar luces y responder a la realidad de la generación actual que se encuentra en etapa escolar, generación descrita como nativos digitales, entiéndase por generaciones desde el sentido sociológico la respuesta y adecuación del contexto, según lo mencionado por Gardner y Davis (2014), “las características definitorias de una generación, son los acontecimientos dominantes de la época, ya sean militares, políticos, económicos o culturales” (p.12), y estos acontecimientos están marcando la pauta hoy día en la vida de los estudiantes, hijos de esta historia.

PLANTEAMIENTOS SOBRE LA EDUCACIÓN EN VALORES

A partir, de los planteamientos de Touriñán (2008), la educación en valores “es el desarrollo de destrezas, hábitos, actitudes y conocimientos que capacitan a las personas para estar, moverse, intervenir, actuar, aprender e interrelacionarse con los valores… porque el objetivo fundamental de la educación en valores como resultado es la adquisición”,(p.10), es decir, la educación en si misma tiene el objeto de educar a las personas en valores, orientar su pleno protagonismo, ya que, en la vida integral de la persona, es cuando y donde se gesta realmente la experiencia axiológica.

Ortega y Mínguez (2001) por su parte, describen, a la educación en valores, como una experiencia personal: “algo cotidiano que acontece en la vida de la persona” (p.28), donde el centro es el educando, y que está patrocinado, por personas, que, en este caso, son quienes forman la comunidad educativa (estudiantes, docentes, familias y comunidad). Pero, no siempre se muestran estas vivencias en las salas de clases, dando como resultado que los estudiantes no se sientan aludidos cuando se habla de valores, pues, son presentados como acciones distantes y heroicas, lejos de lo mencionado por Ortega y Mínguez (2001), quienes señalan que el aprender y  enseñar valores “no es exclusiva de grandes modelos, ni exige grandes hazañas, ni tampoco constituyen objetivos de difícil cumplimiento” (p.28), forman parte por el contario, de la rutina de nuestra existencia diaria.

Para documentar y analizar la Educación en Valores, es necesario comprender la fundamentación de los mismos, aunque la discusión axiológica sobre estos, no es el propósito de este ensayo, se hace necesaria una breve revisión de su naturaleza. Sobre estas ideas, es preciso tomar en cuenta que en el área de la axiología existe un debate constante, sostenido por años; los filósofos no llegan a un acuerdo en cuanto a la definición de los valores en sí, su naturaleza, se fragua entre la subjetividad y la objetividad, ha ocupado a las mentes brillantes de la filosofía por siglos, desde la era de Platón.

Naturaleza de los valores

La naturaleza de los valores, aspecto que será de gran impacto a medida que se reconoce la acción de educar en valores, pasa por la objetividad y la subjetividad. En este sentido, “El valor es un concepto de amplia dimensión que se debate entre la subjetividad y objetividad; filosóficamente para los subjetivistas el valor es creado por el hombre, pero para los objetivistas los valores existen fuera de él” señala Nahir (2014, p. 2). La dualidad de estos principios sustenta aspectos relevantes de la sociedad como la familia, la fundamentación del trabajo, el sostenimiento de debates antropológicos e incluso políticos.

En cuanto al objetivismo axiológico, Fabelo (2004, p.23) señaló la concordancia entre Sheler y Kant, la de no fundar la ética en la experiencia del mundo real, sino en valores dados a priori. Por su parte, el subjetivismo axiológico parte desde la experiencia humana, referido al valor que le es otorgado el hombre, de hecho, una de las reales bondades de este, se refiere a la vinculación con la vida humana, es decir, depende del sujeto que lo valora, está asociado por un lado a lo relativo al sentimiento y por el otro, a la visión de lo psicológico.

Por último, se conoce también la axiología sociológica, que fue impulsada por autores como: Emile Durkheim (1858 – 1917), Licue Lévy Bruhl (1857 – 1939), Célestin Bougle (1870 – 1940), al respecto, Fabelo (2004, p. 25)explica los valores como resultado de ciertas convenciones sociales que presuponen el apoyo de la mayoría y se promueve y se producen a través de la cultura y las tradiciones, aspectos que serán de consideración importante para reconocer los fundamentos teóricos de la educación en valores, por su correlación con las características de los grupos sociales donde se inserta, debido a que estos actúan de forma imperativa.

Cada una de las líneas presentadas, enfrentan desafíos y críticas entre sí. Por parte del objetivismo la realidad de que no tomar en cuenta la centralidad del hombre; ante el subjetivismo el valor referencial según cada persona y con respecto a la axiología social las distintas visiones provenientes de cada cultura. Sin duda los debates no concluyen, más bien se acentúa la búsqueda de puntos en común.

Ante la necesidad de una nueva tesis de los valores enriquecida por la objetividad, la subjetividad y la axiología social, nace el aporte de Frondizi (1910 – 1983), citado por Fabelo(2004, p.28) quien se propone superar los extremos, partiendo de que el valor tiene una cara subjetiva y otra objetiva, ya que se desprende de una relación. Fabelo, lo resumen en los compontes del valor: sujeto, objeto y valoración, lo aborda de forma integrada, como una estructura compleja, que no se puede explicar desde un solo visión.

El aporte más significativo del filósofo argentino Frondizi, según Fabelo (2004) se resume en el surgimiento del valor en relación del sujeto objeto, el carácter sustancial y cambiante que se le atribuye a los valores, el reconocimiento de su naturaleza compleja de los mismos, así como el vínculo que se establece entre las normas éticas y los valores como su fundamento siendo este el acercamiento más significativo de lo que son los valores.

Características de la naturaleza de los valores

Gran parte de la problemática en relación de los valores en la actualidad, se asocia con la incapacidad de conocer el comportamiento y la caracterización de los valores y su naturaleza, lo que impide muchas veces el abordaje adecuado. Según Seijo (2009,p.157)las características más relevantes son las relacionadas con la polaridad, gradación, infinitud.

Sobre la Polaridad, Seijo (2009)dice, que los valores “se van a manifestar desdoblados en un valor positivo y en un valor negativo, en valores y antivalores. Todos los valores van a tener su correspondiente antivalor (bueno-malo, justo e injusto, salud-enfermedad, sabiduría-ignorancia)” (p. 157), esto es uno de los aspectos que constantemente preocupan a los docentes en las salas de clases. En el ambiente escolar se observan actos que expresan la polaridad de los valores por medio de acciones que afectan la convivencia, también en las disputas entre lo justo o injusto de un hecho entre compañeros de salas, frente a un trabajo realizado o frente a una situación de violencia. 

Ratifica estos comportamientos lo también señalado por Seijo (2009), sobre los valores que “siempre van a ser deseados y aspirados por todos gracias a los beneficios que les reporta, ya sea placer, necesidad, deber. En cambio, los antivalores van a ser rechazados, por suponer carencias o perjuicios” (p.157). Es necesario, poder analizar los principios que permiten considerar que algo es o no valioso, considerando los elementos de tal juicio.

Por su parte, la Gradación, según Seijo (2009) se trata de lo distintivo de los valores que hace referencia a la intensidad o fuerza que posee o se presenta un valor o un antivalor, se encuentra íntimamente relacionada con la polaridad e interviene además en la construcción de la jerarquía. Dando sustento a la constitución jerárquica, en el caso de la educación, de la escala de valores en estudiantes, docentes y familias.

Finalmente, la Infinitud, de acuerdo con Seijo (2009, p.156), “está totalmente relacionada con su dimensión ideal en virtud que los valores suelen ser finalidades que nunca llegan a alcanzarse del todo”. Desde la dinámica educativa, exige por parte de los docentes un movimiento constante, adaptación y respuestas coherentes de acompañamiento en el camino de la virtud, sin hacerlo un mito. Una cuestión que a propósito, adquiere protagonismo por la referencia de modelos ideales de actuar o de existir (Ruiz, 2015).

Contexto de los Valores - Antivalores

Entre las propiedades de los valores destacadas por Seijo (2009) se enumeraba la polaridad, esto refiriéndose a que los valores están representados de igual forma por su contraparte, o con los valores negativos. En relación a la contra parte del valor, Iglesia (2007), dice: “se podría concebir el antivalor como aquello que va contra la disposición de los individuos a generar bienes espirituales, esto es realidades en su dimensión cultural” (p. 112). Se expresa en la desvinculación que existe entre el hombre y aquellas reflexiones y acciones que practica en sociedad y le permiten desarrollarse. No es posible considerar algo como valor y antivalor al mismo tiempo, según Carrasco y Javaloyes (2015), ya que impacta individualmente e impacta a la sociedad en general en sus comportamientos.

Ya en el aspecto de la educación en valores, precisamente, desde la perspectiva de los docentes, es común que se describa la contraparte de los valores en la praxis diaria. Estos se ven reflejados en conductas negativas, que afectan indudablemente tanto en el entorno como al sujeto portador, representado en cualquier miembro de la comunidad educativa. Entre los hechos que pueden estar presentes en diversas acciones de antivalores van desde las prácticas injustas, el irrespeto, la indiferencia, incluso maltrato entre los mismos estudiantes, bullying o matoneo escolar Cuervo (2016).

Por consiguiente, la tipificación de los valores y antivalores, son una variable primordial de reconocer en los diferentes estudios en esta materia; si bien los antivalores son de acuerdo con Romero (1997) “todo cuanto se opone al crecimiento armonioso de la personalidad. Todos somos libres de vivir según nuestros valores o, por el contrario, de nuestros antivalores” (p.17).Sobre esta libertad, se traducen los escenarios de antivalores que a menudo la sociedad propone, ya se hacen comunes acciones de violencia entre políticos, ensañamiento entre vecinos, fomento del materialismo, entre otros que socialmente orientan muy poco hacia los valores. Los estudiantes, estas nuevas generaciones, están atentos a estos acontecimientos en la sociedad y también demandan, cuestionan estos contextos que propician los antivalores, que poco orientan la convivencia escolar.

En el contexto de América Latina, se describe con frecuencia (ver en anuncios en los colegios, introducciones de manuales de convivencias, reflexiones en los centros de padres, entre otros) que las familias son responsables de la jerarquización de los valores o antivalores presentes en los estudiantes, con frecuencia relacionadas también con la crisis de valores a nivel general, en cuanto a las familias Merchán (2016) manifiesta:

La familia es la primera y principal trasmisora de valores (o antivalores) y expectativas. En definitiva, la mayor parte de las cosas que uno valora teme, desea, desprecia, las ha aprendido a valorar, temer, desear y despreciar en la familia. (p. 67)

Surge la preocupación ¿cuál es el origen de los valores? ¿Dónde nacen los valores? ¿Desde dónde se forman? Ortega y Mínguez (2009) ofrece una reflexión integral:

La familia, el Estado, la escuela y la Sociedad Civil son agentes que integran y desarrollan la educación y entendemos, además, que ahora, la Sociedad Civil puede reforzar a la familia y a la escuela de un mundo singular y distinto al del Estado para fortalecer el papel de los padres en la educación de los hijos, porque el concepto de acción ciudadana está socialmente arraigado y se contempla en el marco legal de derechos y libertades. (p. 52)

En este sentido, la familia es el espacio vital en el que se proyectan los cimientos para la activación de la conciencia y de los sentimientos, de allí, la paradoja de la educación con el tema de los modelos de identidad, especialmente en la infancia y la niñez, que luego se reflejará en el mundo, es decir, efectivamente la familia es significativa para la formación de la conciencia y su relación con el mundo, valiéndose de la percepción negativa o positiva hecha a partir de las figuras que integran el ámbito familiar. Y va unido con una de las premisas más destacas por Hans (1969), respectivamente “los valores son captados por los sentidos, ya que hay quien señala que los valores son parasitarios sino se observa su reservorio material” (p.38).

De acuerdo con Ortega y Mínguez (2009), sobre la importancia del papel de la organización familiar:

La Familia, deja una huella impresa que acompañará a los seres humanos durante toda su vida. Las primeras experiencias son como surcos que se abren en la mente de quien las recibe. Después aparecen otras. Y la vida se hará compleja, armónica o desarmónica, integrada o desorganizada, placentera o traumática, pero en el fondo, a veces oculto, a veces patente, quedarán las vivencias iníciales como patrimonio de la propia personalidad.(p. 40)

Asunto que no se puede tratar con ligereza, pasa incluso por ser observada a partir de los cambios que las familias generan en la sociedad y viceversas, quien impacta con ímpetu las bases y la naturaleza de la familia. A partir de este escenario, se producen aspectos sociales que proporcionan estructuras para los antivalores, Silva (2006) señala, “el trasfondo social que lamentablemente sostiene los Antivalores, es la sociedad en sí misma” (p. 667).Lo que legitima el debate, pues, la presencia de estos valores negativos está íntimamente relacionados con el contexto social y el entorno de sus actores, las familias que muchas veces no tienen acompañamiento adecuado y se han dejado solas, incluso se declaran imposibilitadas para llevar a cabo la formación valórica de sus hijos.

Frente a esto se producen un debate, entre la escuela y las familias en sí. Juárez (2001, p. 43) y sus colaboradores, refuerzan estas ideas al manifestar que al develarse la noción de valores queda expresamente establecido el compromiso de las familias, los medios de comunicación y la escuela como propiciadores y difusores de los mismos; implica la respuesta de una educación en valores contextualizada, conocedora de la naturaleza de los valores y sus características.

Esta realidad de la polaridad de los valores, los problemas que se generan en las escuelas, y el desafío que tiene como sociedad, fomentan el interés y el compromiso que llama a la educación en valores, esta que solo se puede entender una vez asumida la naturaleza de los valores, pero que obliga de igual manera a reconocer el aspecto educativo de la cuestión en análisis.

Aproximaciones Teóricas que Orientan la Educación en Valores

Todo acto educativo apunta a la educación en valores, de no ser así pierde el sentido; es decir, los valores “constituyen también la esencia de la educación; igual que no hay vida humana sin valores, tampoco hay educación sin valores”, señalan López y Saneleueterio (2019, p. 47); argumentan que toda educación educa para los valores. Sin embargo, la educación enfocada particularmente en promover entre sus estudiantes, con intencionalidad, el reconocimiento de aquello que tiene valor en la vida de los seres humanos, apoyados en la visión de las propiedades señaladas Frondizi(1977), permite que la respuesta frente a los antivalores sea contundente, ya que la cuestión de la educación en valores se deja ver como una tarea de gran importancia en la sociedad actual.

La educación en valores es definida por parte de Touriño (2008, p. 12), como “un proceso de maduración y aprendizaje, orientado al uso y construcción de experiencia axiológica” es un proceso, por el cual la persona, en este caso los estudiantes, realizan la adquisición de los valores que lo van a describir. Es algo aprendido más por vía de intuición, de modo pre lógico, que se convierte en apetencia cuando la actitud pasa a racionalizarse.

La complejidad y la educación en valores

El acto educativo, demanda nuevas adecuaciones, Fonseca (2018) que se orientan hacia un modelo complejo, de igual forma, los valores proceden de una naturaleza compleja; entre tanto, la educación en valores orienta su quehacer hacia el paradigma de la complejidad. A respecto, Delgado (2008, p. 78-89) analiza las premisas de Morín y su propuesta del pensamiento complejo en el que destacan tres líneas de trabajo que se complementan y entrelazan: la complejidad como ciencia, la complejidad como método de pensamiento y la complejidad como cosmovisión.

Tomando en cuenta la proposición de Delgado (2008), se presenta a continuación, una alineación en cuanto a la relación que guarda la educación en valores y la complejidad, a partir de sus características generales.

Para este paradigma, los sistemas de ideas, teorías y conocimiento son dinámicos y emergentes, lo único posible por hacer, es permitir al alumno, construir el suyo, sin caer en un solipsismo o idealismo subjetivo, construcción que se hace contextualizada dentro de una estructura social. Morín (2004), acota esta proximidad en lo siguiente:

Situar un acontecimiento en su contexto, incita a ver como éste modifica al contexto o como le da una luz diferente. Un pensamiento de este tipo se vuelve inseparable del pensamiento de lo complejo, pues no basta con inscribir todas las cosas y hechos en un “marco” u horizonte. Se trata de buscar siempre las relaciones e inter-retroacciones entre todo fenómeno y su contexto, las relaciones recíprocas entre el todo y las partes: cómo una modificación local repercute sobre el todo y cómo una modificación del todo repercute sobre las partes. (p. 27)

Siendo una clara referencia para la educación en valores, ya que si no es entendida como una relación de todas las partes que se encuentran entrelazadas, no es posible la aprehensión en el individuo, ni de quien lo enseña, ni del que lo aprende. Siendo este un claro desafío para la sociedad actual, que insiste en compartimentar al ser humano y su relación con el mundo.

El Humanismo y la Educación en Valores

La visión humanista de la educación, se orienta a la finalidad esencial de la enseñanza en el siglo XXI, según la Unesco (2015) el planteamiento humanista trae al centro el debate sobre la educación más allá de la función utilitarista; promueve la idea de favorecer el aprendizaje y la formación al servicio de la humanidad común. Es decir, el humanismo beneficia la centralidad en el ser humano, el humanismo en su concepción “es un despertar cultural, que caracteriza desde sus orígenes al Renacimiento es, por encima de todo, una renovada afirmación del hombre” (Ginzo, 1994, p.89).

Es decir, esta visión humanista, se muestran contrario a la descripción de educación propuesta por el Positivismo, donde el proceso educativo se ha entendido como un proceso de fabricación, una acción que pierde la centralidad de la persona, poniendo en su lugar, procesos mecánicos que hacen desaparecer la importancia de la persona humana, según lo manifestado por Bárcena y Melich (2006, p. 40- 42), refiriéndose al positivismo y la pedagogía tecnológica.

El llamado en fomentar el humanismo en la educación es urgente y necesario, según, la Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Tecnología (UNESCO) “reafirma una serie de principios éticos universales, que debe construir el fundamento mismo de un planteamiento integrado de la finalidad y organización de la educación para todos” (2015, p. 38), que favorece la educación en valores, desde diversos ámbitos de la vida escolar, accionando respuesta  a las necesidades actuales de reforma de paradigmas educativos.

En este sentido, cuando la educación en valores es relacionada con el positivismo, la mayoría de las veces anula la dignidad de la persona, generando una acción de dirección ejercida sobre el que aprende; es decir, “tiene una limitación temporal, revisable; con un comienzo y un fin determinado desde el principio concentrada en un enfoque materialista del alumno, del docente y de la relación pedagógica entre ambos” según Bárcena y Melich (2006, p.39) por tanto, la inclinación hacia el humanismo pedagógico como una opción, se valida, tomando en cuenta la importancia de que el estudiante y su contexto sean parte activa de esta práctica educativa.

Preocuparse de la acción del estudiante, es vital en este proceso, según Rojas (2017,16) nos permite “colocar a los estudiantes en su rol de personas capaces de hacerse del conocimiento desde el saber cotidiano, a partir del cual se plantea la educación en valores es una idea fundamental” dando valía a aspectos  como libertad, apertura, esperanza; implica a sus vez una pedagogía dinámica que se emplaza a la propuesta de una educación en valores humanista, que responde desde la complejidad de su naturaleza.

Ortega y Míguez (2001) señalan que es imposible pensar en educación, sin que estén presenten los valores. Al respecto López y Saneleuterio (2019) manifiestan que la educación puede considerarse como “aquella actividad que pretende alcanzar la esencia del ser humano siendo esta, por excelencia, el mundo de los valores” (p.10) es decir, la acción de educar en valores, es mucho más que una cátedra, que un espacio en el calendario académico, sino que se constituye, como parte integral del acto educativo.

Tomando en cuenta el aporte de Rojas (2019) la educación en valores, vista desde sus actores, es considerado como una opción posible, es decir, no es un deseo ilusorio, sino una respuesta contundente, y necesaria, para educar en el siglo XXI, una manera de ofrecer a la juventud una forma de vivir la vida y de relacionarse. Es esencial educar en estos valores si queremos principios, si queremos conseguir la sostenibilidad y la paz, tal como nos recuerda la Unesco (2015).

REFLEXIONES FINALES

La naturaleza de los valores es compleja, el aporte más relevante, y con el cual me identifico es el ofrecido por Frondizi (1910 – 1983) según Fabelo (2004) sobre sujeto, objeto y valoración, desde una naturaleza integrada, ya que permite el dinamismo propio de la persona. Si aceptamos el humanismo como expresión y modelo de conocimiento, es necesario ofrecer de igual forma la libertad de reconocer el valor, pero también de optar por él a partir de su propia vivencia contextualizada. En este sentido, la naturaleza de los valores, se potencia inclinándose más por la complementariedad y no la negación de ambas corrientes, uno que respalde la vivencia de su vida y contexto social, cultural y familiar, pero la definición de valor en sí misma, el cómo asumirlo y cuáles son esos valores que asumen, proviene de un proceso muy personal.

Sobre las relaciones contextuales de los valores y antivalores, se conoce que la familia en la actualidad, está en una profunda crisis, establece Merchán (2016) “numerosas familias van renunciando a su papel de primeros y principales educadores de sus hijos, y delegan en las escuelas sus responsabilidades educativas” (p. 84), pero antes estos juicio, discrepo que sea la única fuente responsable de la crisis de los valores, se puede juzgar fácilmente que las familias no quieren asumir esta función, pero no se puede dejar a un lado las realidades sociales en las que viven y se desarrollan. Si bien, las familias son el primer escenario contacto con los valores, no es el único lugar donde se gesta esta enseñanza.

La influencia social en lo educativo, no queda solo como una acción que realiza la escuela hacia afuera, sino que esta misma comparte una influencia mutua e interactiva. En este sentido, Ortiz (2013, p.184-189) señala que la sociedad en general, no trasmite una escala de valores suficientemente organizada, sino que proporciona y potencia la libertad individual frente a los derechos de los demás y frente a las libertades colectivas. Lo social está íntimamente relacionado con la cultura, los medios de comunicación tradicionales y los medios digitales. La escuela, no educa sola, ni mucho menos aislada a la realidad, no sólo la rodea físicamente hablando, sino aquella en la que se ve inmersa por naturaleza, a la que pertenece por cultura y época vivida, también en los medios de comunicación o en las redes sociales tan populares hoy día, son de gran importancia, para entender la Educación en Valores que está influenciada por la sociedad, incluso esta se desarrolla para promover un ser humano que viva en ella de la mejor manera.

Recalcar que el elemento catalizador en relación a los valores, es la escuela, en ella la educación en valores que se orienta a una educación humanista y compleja, ya que esta llamada a responder integralmente al ser humano. La escuela es un espacio reforzador de los valores, considerando que la educación en valores es un acto de naturaleza compleja, una experiencia vital donde el centro es la persona en cada estudiante, que pasa por la orientación social, la familia y los alcances tecnológicos.

La educación en valores, es un área dinámica, que requiere de evaluaciones constante y de trabajos mancomunados, el desarrollo de la sociedad pasa por el fortaleciendo de los valores de sus ciudadanos. La coherencia de los docentes y demás miembros de la comunidad en general tiene un gran impacto en la conciencia crítica de nuestros estudiantes. Este proceso complejo, con la persona en el centro está alejado de las teorías actuales, pero exige teorías emergentes que se gesten desde el seno de la misma comunidad, donde todos so responsable de educar en valores a las presentes y futuras generaciones.

Es necesario la aprehensión de la educación en valores desde la base, desde los docentes que gestan en las salas de clases esta experiencia, pero trabajando desde el contexto que las acompaña, visto en América Lantina.  Lo ideal es una educación en valores sostenida y no reactiva, basada en procesos, incluso aquellos que involucra la recuperación de espacios y de familias con realidades compleja que sin duda alguna, son el verdadero desafío para la educación en Valores del siglo XXI, aquella que es concebida desde el Humanismo y la Complejidad, en el contexto (familias) que la historia presenta.

Por último, reconocer que efectivamente todo acto educativo está relacionado con la educación en valores, bien lo menciona López y Saneleueterio (2019) argumentando que toda educación educa para los valores, pensamiento que comparte con Ortega Míguez (2002), pero la tarea es aún mayor. Es necesario, hoy más que nunca intencionar la educación en valores, ofrecer claridad al estudiante que demanda acciones coherentes con la vida. En este caso, es preciso tomar en cuenta que la educación en valores es una acción posible y cada uno de los actores educativos estamos llamados a patentarla.

REFERENCIAS

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